Agradecimiento a las recomendaciones del Sr. Obispo
Hace una semana hemos asistido a un conato de polémica entre algunos medios de comunicación y el Obispo de Segorbe-Castellón. El motivo era un texto recogido en la "Hoja Parroquial" sobre algunas actitudes en el noviazgo y en el matrimonio, referentes a la sexualidad humana y sus valores.
Doy por supuesto, en el Sr. Obispo, los suficientes motivos religiosos y teológicos para defender su postura; en los que yo no quiero ni estoy capacitado para entrar. Tanto más cuanto que D. Juan Antonio Reig, ya antes de ser obispo, y según tengo entendido, era una autoridad intelectual en cuestiones de antropología teológica.
Mis observaciones son fruto sólo del sentido común, que por cierto no es el más común de los sentidos, y de mi experiencia como padre de familia numerosa, ya que he pasado por las etapas de novio, esposo y padre. Por lo que considero que vale la pena exponerlas porque como digo el sentido común es lo que debería dirigir la vida de la mayoría de los mortales. Quienes tenemos hijos adolescentes o muy jóvenes, vivimos ciertamente preocupados por una serie de actitudes cada vez más generalizadas en el comportamiento juvenil.
Las estadísticas que me llegan sobre contagio de enfermedades, sobre embarazos no deseados, sobre drogadicción y alcoholismo, etc., son alarmantes. Sólo padres ingenuos o inconscientes pueden vivir despreocupados de éstos y otros fenómenos similares. Y me consta, por desgracia, que hay demasiados padres así: que no saben dónde van sus hijos por la noche, ni qué hacen, qué toman o a qué hora regresan a casa. Allá cada uno con su responsabilidad; yo no soy capaz de vivir tranquilo en esas circunstancias.
Por eso agradezco al Sr. Obispo, en mi nombre y en el de muchos padres de esta Asociación, todo lo que ayude a tener criterios claros y positivos sobre un comportamiento juvenil que aúne la diversión y la expansividad, propias de esas edades, con el sentido de responsabilidad que no debe faltar en ninguna persona humana.
No se trata de coartar a nadie, ni mucho menos de "obligar" a cumplir determinadas "normas". Pero sí de que cada uno piense de antemano en las consecuencias de sus actos: en sí mismo y en los demás. Por ejemplo: no se puede andar jugueteando con los afectos de una chica o un chico, por pasar el rato; dejándole colgada, o colgado, al finalizar el verano. Quizá a esa persona se le haga más daño del que parece.
Lo mismo podríamos decir de las "probatinas" con las drogas, de los comportamientos sexuales irresponsables solo por no dejar pasar una oportunidad de tener sexo, etc. Tanto la salud como el amor son cosas muy serias. La felicidad de toda una vida quizá dependa de cómo se enfoque la cuestión en los años jóvenes. Su abuso puede hacer desgraciada a una persona, porque cercena sus ilusiones, provoca desengaños irreparables o fomenta el egoísmo sin consideración.
¿Qué pensaríamos de quien indujese a nuestros hijos a saltarse las leyes del tráfico por capricho, o les enseñase a manejar armas de fuego sin darles criterios claros de responsabilidad para su uso? Algunos dirán: "no es lo mismo". Pero yo digo: "sí que es lo mismo". Es el uso arbitrario de la libertad por encima de cualquier criterio respetuoso con la dignidad personal propia o ajena.
Al mundo de hoy le sobra permisivismo y le falta sentido común. Por eso son de agradecer las recomendaciones de un especialista, que ayudan a establecer unas pautas de comportamiento, a la vez espontáneo y cuidadoso. A los padres de familia, especialmente si es numerosa, nos vienen muy bien esas orientaciones que, sin quitar la libertad a nadie, nos descubren la mejor manera para hacer, de nuestro matrimonio una unión más duradera a ser posible para siempre y de nuestros hijos, hombres y mujeres valiosos; que puedan conducir la sociedad del mañana por derroteros mejores que los del catastrófico siglo XX.
Juan Manuel Ramos
Presidente
Asociación Familias Numerosas Castellón